Bienvenida a la ciudad del arte. Estás invitada a que pasees por
sus luminosas calles y alegres avenidas, por sus festivas plazas. Cuando
traspases la primera esquina serás inspiración, serás obra de arte, serás color
en la vida del poeta. Cuando dejes atrás la línea divisoria que separa a las
mujeres mortales de las musas, yo iré a tu encuentro con los duendes de la
creatividad, mojaré mis pinceles con tu luz y escribiré sobre el aire mágicos dibujos, fosforescentes
palabras.
Ven y entra por la puerta del arcoiris.
Es la ciudad de los sueños y de las parábolas abismales. Es el paraíso, un
inmenso jardín en el que habitan trotamundos y bohemios, piratas, sirenas y
cabras locas. Allí la vida es una fiesta, el jolgorio y la juerga de los hijos
de la risa.
En nuestra ciudad reina la
imaginación, la fantasía, la fraternidad y el respeto. El amor es azar, juego.
El deseo, borrachera. La pasión, instinto. Cada amanecer es celebrado con los
ritos de la fecundidad. Cada día es domingo en nuestro calendario sabático. La
mayoría de los ciudadanos somos cigarras sureñas, vivimos a la vera del sol. El
lejano Norte es para las hormigas y para los hombres grises. El carnaval y el
buen tiempo, para los artistas y las inmortales musas.
Si quieres ser musa y aprender a
volar, ser fuente de inspiraciones y locuras, con sólo venir a la ciudad del
arte y soñar, alcanzarás los cielos prósperos del reconocimiento, los
manantiales puros de la genialidad.
Ya no serás un simple número en
la larga lista de la vida, una modesta tuerca en la cadena de producción, la
mueca erótica y vulgar de un anuncio de publicidad o la mujer florero, sino la
feminidad sagrada y sublime, la belleza encarnada en arte.
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